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Chang’e es una deidad china que vive en la Luna. Hay, por lo menos, dos historias acerca de la diosa, pero todas terminan con Chang’e tomando una píldora de la inmortalidad que la hace flotar hasta el astro más cercano a la Tierra. Las antiguas civilizaciones la han observado y adorado, pero en tiempo del sistema solar, la humanidad todavía es una novata explorándola.

Change es una deidad china

Los 60 fueron la década más intensa de la carrera espacial que mantuvieron Estados Unidos y la Unión Soviética. El 25 de mayo de 1961 el presidente John F. Kennedy prometió a los estadounidenses que sus astronautas serían los primeros en llegar a la Luna. Pero la idea de explorar el satélite natural de la Tierra lleva entre los humanos muchos más años.

El astrólogo Johannes Kepler fue el primero en escribir sobre un alunizaje y George Méliès el primero en representarlo en el cine en su película más famosa, El Viaje a la Luna (1902), El filme, trata de un grupo de científicos que viajan al astro más cercano a este planeta y se enfrentan a los seres que viven ahí. Méliès se inspiró en dos novelas para su historia, De la Tierra a la Luna (1865) de Julio Verne ―la cual tiene una continuación en Alrededor de la Luna (1872)― y Los primeros hombres en la Luna (1901) de H.G. Wells.

Viaje Luna

La exploración espacial fue un tema casi exclusivo para la ciencia ficción hasta la década de 1940. A finales de los 40 los científicos se plantearon por primera vez salir de la atmósfera terrestre en cohetes portadores.

La siguiente década, tanto los soviéticos como los estadounidenses se dedicaron a investigar las capas superiores de la atmósfera terrestre y en 1959 la Unión Soviética logró que el módulo E-1 aterrizara en la Luna.

En los 60 llegaron los vuelos tripulados, primero por perros, luego monos y finalmente humanos. Yuri Gagarin fue la primera persona que viajó al espacio, el 12 de abril de 1961 enviado por los soviéticos. Por su parte, los estadounidenses lograron en 1969 descender en la Luna (alunizar), una misión al mando de Neil Armstrong, con la que también se apagó la carrera espacial.

La llama ha recobrado su fuego gracias a China, que acaba de sumar otro logro en la exploración del satélite natural de la Tierra. El 3 de enero de 2019, la sonda Chang’e 4 se posó en la cara oscura de la Luna. Es la primera en lograrlo. Lanzada el 7 de diciembre de 2018, la nave no tripulada despegó del Centro de Lanzamiento de Xichang, China, un lugar popular para lanzar satélites.

El Chang’e, viajó durante 23 días para llegar hasta la órbita lunar elíptica. Siguió su trayectoria y esperó el momento idóneo para posarse en su superficie de cráteres. Mientras la deidad esperaba aterrizar en casa, otros dos logros se realizaban.

Change 4

Otra nave no tripulada, Osiris-Rex, alcanzó en los primeros días del 2019 la órbita de Bennu, un pequeño asteroide cercano a la Tierra. Esta sonda será la primera en analizar su composición y cartografía, pero aterrizar será más complicado que en la superficie lunar. Esta piedra espacial tiene una gravedad de 0.00009807 m/s2, mientras que nuestro planeta tiene una gravedad de 9.807 m/s2, es decir, es cinco veces mayor que la de Bennu por lo cual es débil para mantener objetos en su órbita.

En tanto, la sonda New Horizons logró acercarse a Ultima Thule, un asteroide que se encuentra en la región más remota del Sistema Solar. Esta roca espacial es lo más lejos que una máquina creada por el ser humano ha llegado. La sonda tiene la misión de tomarle fotografías en alta resolución durante 72 horas a una distancia de 3 mil 500 kilómetros, con las que se pretende reconocer su superficie, composición, si tiene atmósfera y determinar si es un solo cuerpo celeste o la unión de dos.

Finalmente, la sonda china aterrizó en el cráter Von Kárman, situado en la cuenca Aitken, ubicada en el Polo Sur lunar. La espera para el alunizaje se debió a que la luz solar ilumina un punto de la Luna por dos semanas, mientras otro pasa ese mismo periodo en la oscuridad; la nave requería de la luz del Sol para funcionar, por lo tanto tuvo que esperar la llegada del día.

Durante su misión, el Chang’e 4 se comunicará con China, en la Tierra, a través de un satélite de nombre Queqiao. La sonda no puede transmitir directamente al planeta porque la masa de la Luna se lo impide.

La nave diosa trabajará en la superficie lunar para analizar la composición del terreno y el relieve de la cara oscura. Con este viaje, los científicos prevén obtener pistas sobre los orígenes y evolución del cuerpo celeste más cercano a nosotros.

Sobre la autora: Kayleigh Bistrain.

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