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La tecnología es un campo altamente competitivo e innovador, pero con un tema pendiente: la brecha de género. El movimiento #MeToo, que ha dado voz a actrices de Hollywood para denunciar abusos dentro de la industria cinematográfica, está impulsando a otras trabajadoras a denunciar, entre algunas cosas, la desigualdad laboral. Por eso pienso que este es un momento oportuno para dar espacio a historias de mujeres destacadas en el sector.

Hablarle a las niñas de ingenieras, matemáticas, astronautas, científicas y cualquier otra profesión, les ayuda a formar modelos de referencia con quienes identificarse. A los niños, esas mismas narraciones les dirán que es completamente normal que hombres y mujeres sean líderes destacados en su trabajo.

Estas breves semblanzas de tres destacadas pioneras en sus campos no hacen justicia a la cantidad de especialistas que han aportado al conocimiento en la ingeniería, pero la selección busca enfatizar sus capacidades y el camino que abrieron para otras.

Radia Perlman

Radia Perlman

Ha dedicado toda su carrera a Internet, su carta de presentación es haber contribuido a la propia creación de la red de redes. Su invento, el protocolo de árbol en expansión (STP, por sus siglas en inglés), permite el servicio de transferencia de datos. Radia Perlman es creadora de software, ingeniera en redes computacionales y experta en seguridad. La estadounidense se graduó en 1976 del MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts), uno de los centros tecnológicos más prestigioso del mundo.

A pesar de que se han empeñado en ponerle el título de “madre del Internet”, ella lo rechaza porque reconoce que es el resultado del trabajo de muchas personas. Es “muy presuntuoso que alguien diga que ha inventado Internet”, le dijo Perlman a Joel Dalmau cuando el periodista la entrevistó para El País en 2015.

El STP no es su único descubrimiento, ha patentado otros tantos en el campo de la ingeniería informática. También, toca el piano y escribe poesía. Su visión de la tecnología es práctica, hacerla sencilla y segura, por eso su trabajo se enfoca a que Internet funcione de esa manera.

Jill Tarter

Jill Tarter

¿Alguna vez te has preguntado si estamos solos en el universo? Jill Tarter estudiaba la maestría en astronomía cuando se involucró en el mundo SETI (búsqueda de Inteligencia extraterrestre), donde podría responder a esta pregunta. La idea de contar con tecnología que podría servir para investigar si hay vida en el espacio exterior, la entusiasmaba.

Tarter es la astrónoma en quien Carl Sagan se basó para escribir su novela Contact, que en 1997 se llevó al cine. Desde niña, la neoyorkina quiso ser ingeniera. Una vez lograda esa meta, se especializó en astronomía en la Universidad de Berkeley, California.

En 1984 fundó con otros colegas el SETI Institute, donde trabajó como investigadora y directora del Proyecto Phoenix, que de 1995 a 2014 escrutó aproximadamente 800 sistemas estelares parecidos al nuestro con radiotelescopios situados en Australia, Virginia del Oeste y Puerto Rico. Durante sus últimos años en el Instituto se delimitó a estudiar exoplanetas (planetas extrasolares).

Desde que se jubiló en 2012, ha volcado su vida a la enseñanza y divulgación científica. La revista Time la incluyó en la lista de los 100 más influyentes del mundo en el 2004. Su historia forma parte del libro Cuentos de buenas noches para niñas rebeldes, de Wlena Favilli y Francesca Cavallo, que incluye narraciones de mujeres de todas las épocas que transformaron sus campos profesionales. Un asteroide lleva su apellido, el 74824 Tarter.

Margaret Hamilton

Margaret Hamilton

Dirigió al equipo que diseñó el software para los ordenadores de las naves del programa Apolo de la NASA, esta misión espacial es famosa por ser la primera y única en realizar un viaje exitoso a la Luna. El trabajo de Margaret Hamilton destaca por su capacidad de prever la cantidad de tareas que tendrían que hacer los ordenadores durante la misión, por lo cual diseñó un sistema asincrónico, es decir priorizar tareas, gracias a la cual el Apolo 11 logró aterrizar.

Matemática, filósofa e ingeniera en software, Hamilton estaba interesada en las matemáticas aplicadas. Esto la llevó al Proyecto MAC (Matemáticas y Ordenadores), del Instituto de Tecnología de Massachusetts, hoy Laboratorio de Informática e Inteligencia Artificial. Después formó parte del proyecto SAGE, el cual permitía operar al Mando Norteamericano de Defensa Aeroespacial (NORAD por sus siglas en inglés), encargado de vigilar el espacio aéreo de Estados Unidos durante la Guerra Fría.

La experiencia adquirida le abrió las puertas en el Laboratorio Charles Stark Dreper del MIT en 1963, el mismo año en que la organización ganó el concurso para desarrollar el software de los ordenadores del programa Apolo. Hamilton comprendió que para la misión se necesitaban programas a prueba de errores de los usuarios, es decir los astronautas. La NASA se opuso a esa idea, hasta que en la misión Apolo 8 Jim Lovell introdujo un comando erróneo y borro todos los datos de navegación. El equipo llegó a contar con 400 personas a cargo de la ingeniera.

Sobre el autor: Kayleigh Bistrain.

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